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7 de agosto de 2010

¿Cómo hablar de cine sin perder la cabeza?


Hablar de cine sin volverte loco es toda una proeza o aun peor, tener que hacer una reflexión de varias corrientes, diferentes contextos, distintos países, enfoques muy singulares… ¿en pocas páginas con tanto que decir? Eso es como para arrancarse cada uno de los cabellos mientras piensa como redondear todo lo visto y explicado en clase con el montón de libros regados y desperdigados sobre la mesa.

Vagar por la historia del séptimo arte en busca de algo que pueda dar una idea de por donde comenzar puede resultar tentador; sin embargo, tener que concebir al cine como “arte, espectáculo, vehículo ideológico, fábrica de mitos, instrumento de conocimiento y documento histórico de la época y sociedad en que nace” (Roman Gubern. Historia del cine. Vol. I.) es algo más complejo de lo que en realidad un estudiante piensa.

Uno puede decir que el cine tiene sus bases en “la fotografía, que viene a ser algo así como su materia prima, y el principio de la persistencia retiniana, que permite crear la ilusión del movimiento” (Ibídem). Es entonces cuando pensamos erróneamente que el cine es un conjunto de fotogramas en movimiento contando una linda y tierna historia de amor, de ficción o de terror.

No obstante, el cine no es sólo fotografía, es una idea, un recuerdo, un reflejo, es testigo de la forma y evolución de los métodos empleados en su construcción, en el montaje y de la ideología que buscan mediante éste la forma de protestar ante algo que les causa molestia, es una manera de decir al opresor yo opino que estás mal.

Si nos ponemos a reflexionar acerca de la vida en Europa en el siglo pasado pasaríamos por una serie de conflictos sociales que fueron determinantes en la industria cinematográfica. Sin duda alguna, la forma en la que surgieron las vanguardias revolucionó de manera tal la industria cinematográfica que todo cuanto Sergéi Eisenshtéin pudo haber dicho y hecho en sus teorías del montaje fue aprovechado por cineastas tan brillantes como Jean-Luc Gordard o François Truffaut en Francia; Roberto Rossellini y Césare Zavattini en Italia; Lindsay Anderson, Tony Richardson y Karel Reisz en Inglaterra.

Dichos movimientos hicieron que el cine fuera el principal vehículo que contribuyó a “configurar de un modo o de otro las formas del pensamiento, los hábitos y las creencias de millones de personas” (Roman Gubern. Historia del cine. Vol. II) debido  a que no sólo es “portavoz de los mitos y las emociones más intensas que conmueven a las grandes multitudes del mundo actual” (Ídem), también es una forma de transmitir, como explicaba anteriormente, una crítica a la forma de gobierno que se ejercía en los países donde se llevaron a cabo las más grandes manifestaciones artísticas.

No cabe duda que vivir como lo habría hecho Nana –si hubiese sido más que una creación de Godard-  pudo ser un experimento interesante. Saberse pensado y creado por alguien que critica el cine intelectual que regía en aquel momento; Francia resulta mucho más complejo que las primeras tomas hechas con el cinematógrafo de los hermanos Lumière.

Verme reflejada en un espejo, con encuadres jamás vistos anteriormente suena tentador. Éste es el estilo de Godard y en sí de la Nouve vague: “producciones que contrastan por su modestia económica con los costosísimos films que intentan atraer al público” (Ídem). Su tendencia a filmar en exteriores aprovechando la luz y los paisajes naturales; la improvisación, los encuadres dentro de los encuadres –reencuadres- la manía de los objetos y los planos detalle; las cámaras con movimiento

Estas singularidades no sólo son características de la nouve vage francesa, sino que pueden ser encontradas desde la extinta URSS, en el neorrealismo italiano, pueden ser vislumbradas en el free cinema inglés y se trasladan a Latinoamérica al cine novo brasileño que adopta la cinematografía hasta hoy en día. Claro está que algunas de estas particularidades fueron adoptadas como rasgo principal de cada corriente, pero que pueden ser identificadas en el resto de ellas.

Ahora que, ya que hablamos de complicaciones y para terminar el enredo por este repaso, volver atrás en la historia y ubicarnos en la ya mencionada extinta URSS resulta un gran dolor de cabeza, y no tanto por el frio, sino por el vuelco que le dan los soviéticos y las tramas que encontramos singulares en todas las vanguardias europeas.

Comprender cada uno de los aportes que los soviéticos dan a la industria cinematográfica puede concluir con el trabajo que en un principio parecía sencillo. Por ejemplo, y sólo por mencionar a quien realiza los avances en cuanto a la forma del montaje, Serguei Mijailovich Eisenstein, o mejor conocido como Eisentein, es el modelo de cineasta soviético, que además de ser considerado el mejor director y realizador de varias producciones difundidas aún en la actualidad, marca su trascendencia con sus teorías del montaje y, pese a su excelente teoría, fue demasiado avanzado para la época en la que vivía.

Eisentein, trabajó no sólo en la URSS, también en Holliwood y México, donde pudo producir un film de tal magnitud que, a pesar de ser silente y en blanco y negro, logró retratar la riqueza y colorido de nuestro país.

Pero si el magnífico cine de Eisenstein no alcanza a llenar la imaginación de quien la ve y se queda dormido a mitad del film podríamos tomar un vuelo a Italia hablar un poco de neorrealismo italiano o a Inglaterra y tocar un poco de free cinema. De cualquier manera la crítica social estará siempre evidente en cada una de las producciones.

Pero dejemos las vanguardias cinematográficas de lado y hablemos un poco más acerca del cine en la actualidad. Con la renovación e innovación de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación el cine se ha visto beneficiado de ellas. Los avances en  cuestión de software han dado al séptimo arte un vuelco tremendo. De la animación cuadro por cuadro hemos pasado a las realizadas por computadora con tecnología y finales increíbles como sucedió en Toy Story. Hemos ido de las tomas nunca más vislumbradas en Citizen Kain a los tremendos escenarios de montañas flotantes con Avtarar.

Los cuentos de vampiros, hadas, licántropos y sin fin de seres mitológicos y místicos han sido posibles gracias a las nuevas tendencias en la industria cinematográfica; no quedarán de nuevo sólo en un trozo de papel, desde ahora y hasta las nuevos films serán realizados con efectos especiales fuera de serie.

Pero en ocasiones es difícil querer decir todo y no tener idea cómo ni por dónde empezar. Al final, hablar de cine no siempre resulta lo que uno piensa. Es decir, uno intenta desarrollar algo relacionado con cinematografía intentando no perder la cabeza en el camino y termina hablando de avatares  seres producidos sólo en la imaginación.

Fuentes
GUBERN, Roman. Historia del cine. Vol. I. 3ª edición. Editorial Lumen. Barcelona: 1982. 372 pp.
GUBERN, Roman. Historia del cine. Vol. II. 3ª edición. Editorial Lumen. Barcelona: 1982. 312 pp.